viernes, 3 de agosto de 2012


                                           Un vistazo a la universidad.

    Mucho tiene que ver el contexto social, político y económico cuando se habla de la universidad como objeto de estudio. Ya que el cambio social es el que influye enormemente en esta institución. Se piensa a la universidad como una fuente de producción de conocimientos, una oportunidad de desarrollar académicamente los saberes de los ciudadanos, se apunta a un nivel adecuado, con la firme pretensión de conseguir una sociedad más culta, con saberes generales, amplios y específicos. En Buenos Aires tenemos dos universidades públicas altamente reconocidas, la de La Plata (conocida por los grandes “bochazos” en medicina) y la de Buenos Aires (criticada porque se dice que el C.B.C. es un filtro). Estas son entidades culturales que a lo largo de los años fueron cultivando a los grandes personajes de la historia argentina.
     La universidad hoy es un techo y algo imposible para muchos, ya que en primera instancia frena a numerosos estudiantes que se encuentran con una diferencia abismal con lo que aprendieron en el nivel secundario y luego en sus niveles superiores se hallan con un atasco difícil de sobrellevar, ya que los obliga, muchas veces, a  la deserción. La universidad debería ser un espacio permitido de acceder, sin embargo, muchas veces, el lugar privilegiado de ser universitario es privativo de algunos sectores sociales. Por esto mismo, se localiza una distancia importante entre estudiantes de la provincia de Buenos Aires y los de Capital Federal, sin pensar siquiera en los del interior del país.        De ahí que suele pensarse en la posibilidad de obtener el nivel terciario, dejando así, la universidad como una cuenta pendiente, o directamente cerrada. Tal vez lo dicho tiene que ver con lo que afirma Krotch, que “las universidades son instituciones singulares, con raíces históricas comunes y que están profundamente insertas en sus realidades sociales”. Si se enfoca en la falta de modernización y en la profunda tradicionalidad en la que se encuentra la universidad, podemos ver que esto es cierto, tan metida está esta institución en su realidad, que a veces hace imposible la apertura a muchos.
    Claramente el lugar de la universidad en nuestro país es el de ser productora de conocimientos, de aporte de profesionales  a la sociedad, a través de la investigación y enseñanza, solo así se puede comunicar, reproducir y transmitir el conocimiento en todo el mundo, pero hoy suena un lugar imposible de acceder para incontables ciudadanos.
     La proliferación de establecimientos privados obligó de alguna manera a que la universidad deba repensar sus prácticas, su posición y rol, ajustándose siempre a las necesidades de la sociedad.
     Este punto analizado se puede juzgar como meramente económico, no obstante, se puede afirmar que también está relacionado con la calidad universitaria. Lo cual lleva a plantearse, además, la calidad del nivel secundario, ya que muchos alumnos no acceden a la universidad, no sólo porque necesitan, dinero, tiempo y tener la cultura del esfuerzo, sino también una buena base en sus estudios anteriores, lo cual, hoy, no existe.
     El vínculo del estudiante con la universidad, hoy en día es bastante complejo, ya que las relaciones que establece con los elementos que involucran a esta institución son muy distintas a la que él está acostumbrado en sus anteriores niveles de estudio. Muchas veces el hábitus académico (en palabras de Bourdieu), las formas de aprehender el mundo social, las costumbres, no son ni parecidas y generalmente se les hace imposible adecuarse a éstas y caen en la deserción.
    La universidad es un ámbito mucho más formal, en el que el estudiante debe hacer frente a la distancia del docente, de los demás estudiantes, a lo que claramente no está acostumbrado. Se parten  de pautas de cumplimiento, obligaciones y compromisos, los cuales no son muy conocidos por los estudiantes en su nivel secundario, esto también tiene que ver con lo afirmado por Foucault, en que la escuela es un espacio de disciplinamiento. Por eso, para contados, es un mundo accesible y de fácil adecuación. Para estos individuos, el nivel terciario muchas veces es una opción válida, ya que la tríada didáctica se da con más fluidez que en el otro nivel. Y como el ser humano es un animal de costumbres, se siente más cómodo en éste último.
    Por lo general,  el capital cultural que tienen los estudiantes recién egresados del secundario, no se condice con lo que se solicita en la universidad, por esto, tal como asevera Bourdieu, los individuos se encuentran en constante disputa por la apropiación y acumulación de cierto capital simbólico, de poseer un espacio y ubicarse en una posición, eso es lo que debe realizar el estudiante universitario en su ámbito. De esta manera los sujetos construyen y representan  la realidad social, y por esto mismo se pueden ver diferencias analíticas y profundas entre un egresado de nivel terciario y uno del nivel que nos compete. Porque su representación del mundo, el modo de vivir, de apropiarse del hábitus académico difiere bastante entre uno y otro.

                                                                Prof. Ermelinda Gamboa.







1 comentario:

  1. Por otro lado aveces se torna dificil lograr ir a una universidad como bien dice el texto por un tema de dinero ya que es un gasto que se invierte y si no se tiene por lo menos lo mínimo necesario resultaría difícil para algunas personas, estaría bueno también que el gobierno implantara alguna ley para estudiantes para que puedan recurrir a las universidades sin ningún tipo de compromiso solamente con el esfuerzo y las ganas de estudiar y progresar.

    ResponderEliminar